Diagnóstico y tratamiento de la prostatitis

Prostatitis: diagnóstico y tratamiento

La prostatitis es una inflamación de la glándula prostática que frecuentemente presenta una serie de síntomas como dolor o dificultad para orinar. “El diagnóstico de la prostatitis se realizará en base a la historia clínica del paciente, además de otras pruebas, y el tratamiento será individualizado y multimodal para encontrar la opción terapéutica más adecuada a cada caso”, indica el Dr. Borja García Gómez, especialista en patología prostática de ROC Clinic.

La prostatitis afecta a hombres de todas las edades, pero tiende a ser más habitual en varones mayores de 35 años. Las causas de esta enfermedad pueden ser infecciosas o no infecciosas, diferenciándose en dos tipos: bacteriana o no bacteriana.

Tipos de prostatitis

  • Prostatitis bacteriana. Ésta puede ser aguda o crónica.
    • Aguda. La infección puede ser provocada por cualquier bacteria o por enfermedades de transmisión sexual.
    • Crónica. La infección se desarrolla de forma gradual. Suele deberse a infecciones urinarias recurrentes o a una lesión perineal, puede durar varios meses y reaparecer una vez curada.
  • No bacteriana. Ésta generalmente es crónica y más difícil de tratar. Puede aparecer por sustancias químicas en la orina o por lesiones en el suelo pélvico.

Prostatitis: diagnóstico

El diagnóstico de la prostatitis, además de basarse en la historia clínica del paciente, se determinará con la realización de las siguientes pruebas:

  • Exploración física (tacto rectal)
  • Cultivo fraccionado de orina
  • Cultivo de semen
  • Análisis de sangre

Prostatitis: tratamiento

El tratamiento de la prostatitis crónica, o más correctamente, dolor pélvico crónico del varón, debe hacerse de forma individualizada y supervisada por un especialista en esta enfermedad. Tal y como señala el Dr. García Gómez, “habitualmente, no existe una terapia única eficaz y el tratamiento debe ser multimodal, probando distintas opciones terapéuticas para dar con la más adecuada en su caso”. Entre éstas, se incluyen:

Terapia psicológica:

En muchos casos, el dolor pélvico crónico tiene consecuencias importantes sobre el paciente a nivel psicológico. Éstas pueden ir desde alteraciones del ánimo en general, hasta dificultades en el desempeño sexual. En este caso, una evaluación psicológica/sexológica puede ayudar a mejorar el cuadro.

Medidas conservadoras o no farmacológicas:

  • Fisioterapia. La intervención de un fisioterapeuta puede ayudar a tratar puntos gatillo, definidos como áreas osteo-musculares, cuya presión o movilización disparan el dolor.
  • Terapia electromagnética y termoterapia con microondas. Algunos estudios con pocos pacientes han demostrado su utilidad en la mejoría de los síntomas.
  • Acupuntura. En un reciente metaanálisis que recoge la experiencia con 471 pacientes, se observó que la acupuntura mejoraba los síntomas, por lo que debe considerarse como una alternativa terapéutica eficaz y segura.
  • Ondas de choque. En los últimos años, varios estudios han confirmado que la terapia con ondas de choque puede mejorar los síntomas del dolor pélvico crónico, a la vez que mejora la calidad de vida y la capacidad de vaciado de la vejiga, sin mostrar efectos adversos de importancia. La mayoría de los estudios están realizados con un tratamiento semanal durante 4 semanas, siendo posible administrarlo de forma completamente ambulatoria y sin anestesia.
  • Estimulación del nervio tibial. Este tipo de técnicas, aunque prometedoras, se reservan para casos muy concretos.

Tratamiento farmacológico: 

  • Antiinflamatorios. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) mejoran la sintomatología relacionada con el dolor pélvico crónico. Si bien esta mejoría se limita al tiempo de tratamiento con los mismos.
  • Alfa-bloqueantes. Varios estudios han observado el efecto de estos fármacos en el tratamiento de esta patología, con resultados discordantes. Probablemente tengan un efecto beneficioso, aunque éste será más acusado en aquellos pacientes que presenten además problemas miccionales.
  • Terapia antibiótica. Ésta ha sido la base del tratamiento durante mucho tiempo, basándose en la mejoría clínica que presentan los pacientes mientras la están tomando. Sin embargo, no queda claro que la tasa de respuesta a largo plazo sea buena. En caso de administrarse, siempre se deben tomar ciclos largos, durante 6 semanas.
  • Inhibidores de la 5-alfa-reductasa. Basándose en la evidencia disponible, no se puede recomendar el uso de este tipo de fármacos en el tratamiento del dolor pélvico crónico, al menos de forma general.
  • Fitoterapia. Diversos extractos han demostrado beneficios en la mejoría de los síntomas con respecto a placebo, aunque la gran variedad de compuestos disponibles no permite extraer conclusiones generalizadas.
  • Toxina botulínica. En un trabajo reciente, se ha demostrado la posible eficacia de inyecciones con Botox® en la musculatura pélvica, aunque son necesarios más estudios que avalen su utilidad.

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